14.8.11

La invasión

Año 1981. Un día cualquiera en "el Cuba"[1], en 2°3°, durante la insufrible hora de geografía, el Borto "pela" un fascículo de una historieta "nueva" que "empezaba a salir" (qué dulce es la ignorancia... a esa edad). Yo, devorador de El Tony, Skorpio y D'artagnan, comienzo a leer e inmediatamente a viajar de la mano de "El Eternauta". Al poco tiempo, ya éramos como diez los que semanalmente seguíamos ansiosamente -siempre desde el fascículo comprado por el Borto- la aventura de Juan Salvo, un hombre común en circunstancias extraordinarias.
Mucho de esa fascinación se debía a que la geografía escolar, el  Barrio de Belgrano, formaba parte de los escenarios de la historia. Veíamos a los cascarudos en la General Paz, en River, al "Mano" en Barrancas, a nosotros mismos invadidos por la fantástica aventura. No veíamos las segundas lecturas -gracias a dios-. Nos bastaba con ver sencillamente lo que la inocencia y la irresponsabilidad inimputable de nuestros catorce años en esas épocas de plomo querían: la magia de un buen cuento, el hechizo de una buena historia. Esa a la que, a esta altura del camino, cuesta tanto encontrar para volver a entregarse.
Luego nos tocó crecer y saber. Saber la historia detrás de la historieta. Aprendimos que significaba "desaparecido" y que Oesterheld era uno de ellos. Y que "Los Otros" realmente existían, no eran extraterrestres, pero destruían y mataban. El viernes pasado murió el otro de los magos, Solano López.
¿Cuadrito de FIN? Eso jamás, por siempre CONTINUARÁ...

Juan Salvo, un hombre común en circunstancias extraordinarias 
[1]La entonces ENET N°28 "República Francesa"

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