24.3.13

El "ABC" del siglo XXI, según Adrián Paenza

El auspicioso proyecto de elevar el porcentaje del presupuesto argentino asignado a Ciencia y Técnica junto con otras medidas estratégicas, motivó a Adrián Paenza a escribir en Página12 sus reflexiones acerca de la educación actual. O, lo que es lo mismo, sus reflexiones acerca del futuro.
Compartimos un fragmento del artículo.
Alfabetización siglo XXI - Adrián Paenza 
[...]
Una nueva definición
Foto: Proyecto Ícaro
Supongamos que se diera este diálogo imaginario entre usted y yo:
–¿Cuál es su definición de la palabra “alfabeto”? –pregunto yo.
–Una persona que saber leer y escribir –contesta usted.
–¿Seguro? –repregunto yo.
–Mmmmm, sí... seguro –sigue usted, pero dudando un poco.
¿Dudaría? Es decir, ¿contestaría usted que una persona se define hoy como alfabeta si sabe leer y escribir? Creo que es fácil detectar que esa definición estaba bien hace 50 años... o 100 años, pero ¿y hoy? ¿Podría afirmar que una persona que solamente sabe leer y escribir es una persona preparada para enfrentar la vida sin dar ventajas como lo estaba hace un siglo? Ciertamente son condiciones necesarias, pero ¿suficientes?
Lea con cuidado los siguientes dos párrafos (que involucran viajar desde la “a” hasta la “z”) y yo la/lo reencuentro más abajo:

“Hoy nuestra sociedad está viviendo una nueva revolución, sólo comparable a hechos históricos como la invención de la imprenta:
a) teléfonos inteligentes,
b) libros electrónicos y lectores/tabletas para de esos libros,
c) comercio electrónico,
d) consolas de videojuegos,
e) centros de procesamiento de datos corporativos “en la nube”,
f) supercomputadoras para cálculos científicos,
g) fotografía digital,
h) edición de imágenes y edición de musical digital,
i) audio y video on line,
j) navegación guiada por GPS,
k) robots que suplantan a los humanos,
l) control de crucero adaptativo en automóviles,
m) sistemas de control en tiempo real en vehículos híbridos,
n) vehículos robotizados,
o) Internet,
p) correos electrónicos (e-mails),
q) motores de búsqueda,
r) redes sociales,
s) imágenes médicas digitales,
t) cirugías asistidas por computadora,
u) análisis de datos a gran escala que permiten la medicina basada en evidencias y la nueva biología,
v) hojas de cálculo y procesadores de texto,
w) revoluciones en control de inventarios, cadenas de producción y logística,
x) códigos de barras creados automáticdamente,
y) traducciones automáticas de lenguaje natural,
z) reconocimiento de voz.
 
Los que figuran arriba son los ejemplos más visibles.
Ahora, segundo párrafo: “Estos sistemas, herramientas y servicios pertenecen a un dominio muy vasto, que continúa creciendo, conocido bajo la denominación de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). Pero estas tecnologías no se limitan a esas aplicaciones y son en gran parte responsables de la revolución de la biología molecular, con impacto en la salud y la alimentación, o de que muchas industrias hayan mejorado sus productos y los han hecho más seguros y eficientes. Por ejemplo en la industria aeronáutica, el Boeing 787, conocido como Dreamliner, 20 por ciento más económico que los jets que lo precedieron, no se podría haber diseñado ni construido sin el concurso del software. Su predecesor, el Boeing 777, fue el primer avión cuya aerodinamia fue simulada completamente por computadora, sin la utilización de túneles de viento, y ha tenido apenas dos accidentes en 17 años de servicio. Las tecnologías de pronósticos meteorológicos descansan fundamentalmente en la potencia de cálculo y la eficiencia de los algoritmos programados para resolverlos”.
Me detengo acá: estos dos párrafos están extractados de un informe que preparó la Fundación Sadosky [1], y que está –en parte– inspirado en un reporte presentado a Obama y miembros del congreso norteamericano [2].
Es obvio que hay muchísimo para debatir porque esto recién empieza, pero propongo de entrada sumarme a lo que está sucediendo en el mundo: ¡hay que enseñar a programar en las escuelas! Sí, a programar. Y cuando digo escuelas, me refiero a las escuelas primarias y secundarias.
La pregunta que yo quiero hacerle a usted (y me la hago a mí también) es: “¿Queremos subirnos al siglo XXI o no?”. El propósito es empezar a discutir los cambios que debería sufrir (o disfrutar, para elegir un término mejor) el sistema educativo. Tal como está, no sólo atrasa, sino que corremos el peligro de quedarnos afuera de la nueva revolución. Y lo peor es que tenemos todas las herramientas para que eso no suceda.
Continuará.
[1] La Fundación Sadosky, tal como ellos se presentan en su página web, “tiene por objetivo promover la articulación entre el sistema científico-tecnológico y la estructura productiva en todo el ámbito de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), a través de distintos programas y proyectos orientados a mejorar la competitividad y hacer llegar los beneficios de las TIC a toda la sociedad”.
[2] Reporte al Presidente y al Congreso de los EE.UU. “Diseñando un Futuro Digital”. Investigación y Desarrollo financiado con fondos federales en Tecnologías de la Información y Comunicación. Consejo Presidencial de Asesores en Ciencia y Tecnología. Diciembre 2010.

Yapa
Algo acerca de una de las tantas "letras" no valoradas de la nueva alfabetización: La programación

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